6/4/15

Un nuevo amanecer, Capítulo 1




Capítulo 1: El comienzo
Hacía ya aproximadamente cuatro horas que había salido de su casa cuando vio que del capó del coche salía humo, aparcó en el arcén maldiciendo. Esperó a que todos los coches pasaran para poder salir a mirar que pasaba, pero nada podía hacer, era nula en mecánica, siempre que pasaba algo así recurría a...
-Perfecto. Justo hoy tenías que estropearte.-Dijo mientras caminaba alejándose del coche.
Todo estaba saliendo mal, desde que se había despertado esta mañana todo iba de mal en peor, primero tuvo que aguantar la llorera y el interrogatorio de su madre, después la bronca de su mejor amiga, y ahora esto.
-¿Qué más me puede pasar?
Intentó parar algún coche para ver si alguien la podía ayudar, después de más de una hora consiguió que un señor no muy mayor llamado Walter, parase y le echase un vistazo al motor.
Según él no podía hacer nada, debía dejar el coche aparcado tal como estaba y el mismo se ofreció a llevarla al pueblo más cercano desde el cual podría avisar al taller para que vinieran a por el coche lo antes posible y lo reparasen. La ayudó a sacar su pequeña maleta del maletero y meterlo en el suyo.
-No pareces muy habladora.- comentó después de unos minutos.
Hannah se volvió para ver su rostro y vio que sonreía.
-Lo siento, estoy algo cansada.
-¿Hacia dónde te dirigías?
 Volvió de nuevo la mirada hacia la ventana dudosa de si contarle la verdad o no aquel extraño, al fin y al cabo la había rescatado de morir de frio en medio de la nada.
-No tenía un destino, simplemente conducía.
-Vaya...una aventurera.
“O una cobarde” pensó Hannah, ninguno de los dos volvió a abrir la boca en lo que quedaba de camino.
Cuando llegaron, la dejó frente a un pequeño comercio, que parecía una librería bastante antigua, se despidió de ella con un simple gesto con la mano y se marchó sin más.
Miró a ambos lados de la calle y lo único que parecía abierto era aquella librería y un bar que estaba al final de lo que parecía la calle principal del pueblo. Estaba completamente perdida, en un pueblo pequeño en el cual no conocía a nadie, era de noche y parecía que el tiempo no iba a acompañarla. No tenía ni idea de donde iba a pasar la noche, todo, su plan se venía al traste por momentos pero no tenía otra opción, no existía plan B, y tampoco podía volver junto a sus padres como cuando era niña.
Entró en la pequeña librería, y enseguida se enamoró de ella. Era mucho más espaciosa de lo que parecía desde fuera, todas las paredes estaban cubiertas de estanterías de madera y por supuesto, de libros, había tanto libros antiguos, como libros más modernos, y justo al final un pequeño mostrador. No parecía haber nadie en la tienda, dejó la maleta al lado de la puerta para que no le molestase al caminar por la tienda, y se adentró por los estrechos pasillos de la librería.
Se sorprendió ver que lo libros no estaban ordenados, ni por autor, ni por género, ni si quiera estaban ordenados en las estanterías. Parecía que la persona que se encargaba de mantener en orden el establecimiento no ponía demasiada atención a como estaban las estanterías. ¿O lo hacía aposta?
-Buenas tardes, estaba a punto de cerrar, pero le atenderé encantada.
Se sorprendió al escuchar la voz de una señora mayor, aunque no parecía tener mucho más de sesenta años su aspecto era de una persona muy desmejorada, era bajita y algo regordeta pero aun así muy guapa y en sus ojos oscuros había mucha dulzura.
-Lo siento, no buscaba nada en concreto.-se disculpó, por un momento se sintió como una intrusa.- Mi coche se estropeó en la carretera que viene hacia aquí y un señor me trajo al pueblo, buscaba un taller, o lo más parecido a un mecánico.
-No creo que encuentres nada de eso abierto a estas horas.
-Oh, vaya, pues gracias.- Se dio la vuelta y fue hasta su maleta, cuando recordó que no tenía ni idea de donde estaba, ni de si podría encontrar algún hotel que tuviera habitación libre, ni de cómo llegar hasta el.- Disculpe, ¿podría decirme como llegar a algún hotel?
La mujer la miró de arriba abajo, y luego caminó lentamente hacia ella.
-Al otro lado de la plaza hay un bar la calle que sube por su derecha te llevará hasta un pequeño hotel, no es gran cosa pero estoy segura de que te gustará.
-Muchas gracias.
Cogió la maleta y abrió la puerta de la librería, antes de entrar tan solo hacia algo de frio y corría un poco de viento, pero en los cinco minutos que ella le había parecido estar en la librería se había puesto a llover.
Siguió el camino que la mujer le había indicado y diez minutos después ya estaba registrada y se había metido en la cama, había sido un día largo, necesitaba descansar, pero no puedo evitar acordarse de su madre y de cómo se había tomado su decisión de irse de casa...
**
Una semana antes...
Caminaba nerviosa por su habitación buscando la mejor manera de contárselo a sus padres, después de todo lo que había pasado sabía que no iba a ser nada fácil hacerles entender que aquel no era su lugar, que ya no se sentía cómoda con ellos, a pesar de que los quería con locura. Pero todo había cambiado, y ya tenía claro que no era ella la única que había sufrido ese cambio, todo su mundo se había roto, y necesitaba encontrar otro lugar donde empezar poco a poco de cero una nueva vida alejada de todo el pasado.
Escuchó como la puerta de la calle se cerraba y como las voces de sus padres fueron aumentando mientras se acercaban a la puerta de su habitación, respiró hondo y salió a buscarlos.
-Mama, papa tengo que hablar con vosotros.
Su padre estaba terminando de colgar los abrigos en el pequeño perchero de la entrada cuando volvió la cabeza para mirarla. El creía conocerla y Hannah sabía que en ese momento estaba intentando encontrar en sus gestos una pista de lo que ocurría, mientras que su madre venia gritando por el pasillo desde su dormitorio.
-¿Qué pasa?-espetó nada más llegar junto a ella.
-Mama, cálmate por favor.
-La última vez que nos dijiste esa frase no eran buenas noticias Hannah, ¿Qué ha pasado ahora?
Hannah tembló al escuchar las palabras de su madre, intentó borrar de su mente los recuerdos que estas le habían traído y miró a su padre buscando algo de apoyo, este al ver su estado asintió. Cogió a su mujer de la mano y mirándola a los ojos le pidió que se calmara, la llevó hasta el sofá y se sentaron a esperar a que Hannah comenzara a hablar.
-Sé que no he sido la mejor hija en los últimos tiempos, sé que habéis intentado por todos los medios solventar algo que nadie puede, y os prometí que no iba a dejar mis estudios y así fue, pero este año es diferente...
-Cariño puedes quedarte en casa el tiempo que haga falta.
-Lo sé papa, lo sé. Pero no puedo... me habéis cuidado este tiempo y os lo agradezco, pero algo que tengo que hacer sola. Necesito salir del nido, no puedo estar eternamente en casa de mis padres, no soy una niña.
 “Ya no” pensó.
-¿Y dónde vas a ir?- preguntó su madre levantándose del sofá a pesar de que su padre intentó calmarla.- ¿Va a volver a Londres?
Volvió a temblar al escuchar el nombre de aquella ciudad que sin saberlo le había hecho tan infeliz,
-Me han hablado de una oferta de trabajo...
-¿Dónde? –insistió su madre.
-En Bristol.-mintió.
-¿Bristol? ¿Te vas a Bristol?
-Si mama.- contestó desesperada.
-Rose, ¿Por qué no te sientas?
Hannah miró a su padre agradeciéndole el gesto, pero sabía que eso no cambiaría nada. Siempre había sido la niña de sus padres, pero después de lo ocurrido era la niña pequeña a la que debían proteger de todo el mal que había en la sociedad.
-¿Cómo te puedes quedar sentado tan tranquilo?-volviendo a mirar a su hija continuó.- ¿Porque te quieres ir? No lo entiendo, aquí lo tienes todo, y si pasase algo... nosotros estaríamos a tu lado esta vez.
Las últimas palabras habían sido casi un sollozo.
-Rose, por favor, siéntate.
Rose se volvió hacia su marido pero ante un gesto de este prefirió marcharse a su dormitorio. Cuando escuchó la puerta cerrarse y supo que su mujer no podía escucharlos, se levantó y caminó hacia su hija, le cogió de las manos y la obligó a mirarle a los ojos.
-¿Es por él verdad? ¿Por eso te marchas?
-Es por todo papa, sus recuerdos están aquí y...-luchando contra sus emociones- yo ya no soy quien era, y tengo que seguir adelante...Durante muchos años viví sola y necesito volver a esa vida, necesito volver a empezar.
-¿Crees que es lo mejor?
Se encogió de hombros.
-No lo sé, quizás me equivoque, pero es lo que tengo que hacer. Todavía soy joven y no quiero quedarme anclada en los recuerdos del pasado, necesito avanzar.
-Entonces hazlo, siempre estaremos aquí por si nos necesitas.
Miró de nuevo a su padre, y vio a su madre asomada en el pasillo, le sonrió dando a entender que al fin había logrado entender que debía marcharse, aunque no lo tuviera tan claro.
**
A la mañana siguiente desayunaba después de una larga noche en el bar que estaba al final de la calle.
-No tienes muy buena cara.
Al levantar la cabeza de su café vio a un hombre calvo de ojos claros, que la miraba fijamente mientras esperaba una respuesta convincente.
-No he dormido muy bien.
-Entonces te traeré el desayuno de la casa.
-No hace falta con el café está bien.
Sintió como le colocaban una mano en el hombro y al volverse vio a la mujer que conoció ayer en la antigua librería.
-Lucas, deja a la chica tranquila. Hola de nuevo, ¿te importa si me siento?
-No claro que no.
-¿Lo de siempre Rachel?
-Sí, no me gusta que le des vacaciones a Oliver, me obliga a cerrar la tienda y venir aquí a por el café.
El hombre se marchó riéndose, y la mujer le volvía a prestar toda su atención.
-Vivo justo arriba de la tienda, por suerte Tom pensó en todo al convertir nuestra primera planta en una librería.
-Es preciosa.
-Gracias, siempre fue su sueño. Amaba los libros y tenía la necesidad de compartir esa pasión con los demás. Un día me propuso cambiar nuestra casa para que el pudiera hacerlo realidad, no pude negarme cuando me lo pidió. La librería le hizo muy feliz durante el tiempo que pudo disfrutarla, y eso es lo único que me importa.
-Lo siento,-dijo al comprender sus palabras, ella se limitó a asentir.
-Desde entonces vivo sola, mi hija se casó y se marchó hace años, no temía quedarme sola porque siempre pensé que Tom estaría a mi lado. ¿Puedo preguntarte que haces en Abbotsbury?
-No lo sé, conducía sin rumbo fijo hasta que el coche se estropeó.
-¿Por qué? -Rachel vio como torcía el gesto y entendió que era un asunto complicado y decidió cambiar de tema.- ¿No tienes dónde ir?
-No, cuando este arreglado el coche seguiré avanzando…
-Hagamos un trato, no sé qué ocurrió para que decidieras coger el coche, pero sé que tuvo que ser importante para que una chica tan joven como tu haya dejado todo para acabar aquí. Algo me dice que puedo fiarme de ti, y necesito ayuda en la tienda, la edad empieza a pasarme factura y me vendría bien un par de manos. No puedo pagarte mucho, la tienda no da mucho dinero, pero a cambio puedo darte un techo.
-Pero… no me conoce de nada… yo no puedo.
-Es cierto, no te conozco y tú a mí tampoco, pero ambas necesitamos compañía y tú además también necesitas un techo. Soy madre y no creo que a tu madre le haga gracia que su hija ande con el coche sin rumbo. Por favor hazlo por mí al menos, no me hables de usted. No me puedes decir que no, ven vamos te enseñaré la casa.
Vio como la mujer se levantaba de la mesa y volvió a hablar con el hombre que las había atendido, y le hacía un gesto con la mano para que la siguiera. Cruzaron la plaza hasta llegar a la librería, la siguió entre las estanterías hasta llegar a una puerta que daba a unas estrechas escaleras.
Una vez arriba sintió como la envolvía el calor de la pequeña chimenea que se encontraba en la esquina del salón. No parecía muy grande la casa, pero era muy acogedora, al lado del salón se encontraba la cocina. Al otro lado del salón había una pequeña puerta, que por lo que pudo ver era un pequeño aseo.
-¿Te gusta?
Se volvió a la mujer que esperaba ansiosa su respuesta.
-Es preciosa.
-Mira ahora eres mi invitada estaría bien que conociera tu nombre, me puedes llamar Rachel.
-De acuerdo, mi nombre es Hannah.
-Un nombre precioso, ¿de dónde vienes?
-De Canterbury, no está muy lejos de Londres.
-Te enseñaré tu habitación, tengo que bajar a abrir la librería.
La siguió escaleras arriba, hasta una de las puertas que permanecían cerradas, la abrió y se hizo a un lado permitiéndole pasar a ella primero. La habitación era pequeña, con una cama individual, un escritorio y un armario, pero estaba completamente decorada con posters, peluches, y un par de muñecas infantiles, todo aquello le recordaba a como era su habitación antes de que se marchara a la universidad, y de que todo pasara. Cuando regresó tras lo ocurrido la odiaba, y le pidió a sus padres que cambiaran por completo la decoración, la deba igual que muebles escogieran, le daba igual el color de la pared, lo único que quería era olvidar que aquella habitación era la suya.
-Era la habitación de mi hija,-aclaró Rachel.- pero ya hace muchos años que se marchó. A pesar de que sigue creciendo, yo prefiero conserva su cuarto tal y como era cuando era una niña.
-Yo... no quiero molestar, eres muy amable pero...
-Hannah, si algo sé es cuando alguien busca una salida. Entiendo que no confíes en una extraña para contarle que te ocurre, pero solo te pido una oportunidad, si no encuentras lo que buscas nunca te pondré quejas para que te marches.
Hannah la miró y vio en ella los ojos de una madre preocupada, y no pudo negarse.
-Está bien Rachel, acepto tu oferta.
La mujer la miró de nuevo sonriendo y fue hacia ella tranquilamente, Hannah se dio cuenta por su mirada de que estaba tomando la decisión correcta.
-Tomate hoy el día libre, ve al taller tranquilamente y recoge tu maleta del hotel y ponte cómoda, mañana empezaras a trabajar.
Se marchó con una sonrisa en la cara dejándola sola en aquella habitación infantil. Se tumbó en la cama y se dejó invadir por los recuerdos de su niñez, cuando su padre la llevaba con la bicicleta por el pueblo, o cuando se escapaban de su madre para comer chocolate, o cuando Amber se calló y tuvo que ir corriendo a avisar a sus padres, todos ellos formaban parte de la antigua Hannah, aquella que había desaparecido hace años.
Cerró los ojos intentando reprimir las emociones que despertaban a ella, pero eran imposibles, cada cosa que veía le recordaba que ya no era la misma, cada paso que daba le daba a entender que todo había cambiado. La antigua Hannah jamás habría cogido el coche y se hubiera marchado sin un rumbo fijo, la antigua Hannah nunca habría abandonado de aquella manera a su familia después de todo el apoyo que me habían dado, y la antigua Hannah nunca habría dejado plantada a su mejor amiga cuando más la necesitaba.
Emma... estaba segura de que todavía estaría disgustada con ella por cómo se fue, se lo dejó muy claro el día que le contó, junto a su hermana que decisión había tomado...
**
Un semana antes...
Caminaba junto a su hermana por las calles de Canterbury hasta el pub en el que habían quedado con Emma. Después de colgarle de aquella manera intentó llamarla pero no se lo cogía, al final consiguió convencerla cuando en un mensaje le dijo que tenía algo importante que contarle y quería hacerlo en persona.
Cuando Amber y Hannah llegaron al Run of te mill, los recuerdos le inundaron, tuvo que pararse para tomar aire porque notaba como los pulmones se le cerraban, y como el corazón se le aceleraba. Su hermana se paró a su lado sin entender porque se había detenido, pero le bastó mirarle a la cara para saber que le pasaba.
-¿Quieres que...?
Hannah no supo cómo consiguió que su cabeza le respondiera para negarle antes de que acabara la pregunta, sabía que Emma estaba allí, había visto su coche aparcado en el aparcamiento, sabia porque había elegido aquel bar, habían pasado allí demasiados buenos momentos, lo que ella no sabía es que Hannah no había vuelto desde hacía años.
-Vamos.
Cuando entraron el camarero reconoció a su hermana y le saludó con la mano, Hannah buscó con la mirada a su amiga y la encontró en la mesa más alejada de la puerta. Solo se dio cuenta de que había empezado a temblar cuando su hermana le cogió de la mano.
-¿Estas bien?
-Sí.
-Vale, me quedo aquí para que podáis hablar tranquilas ¿vale?
Asintió sin apartar los ojos de la cabeza de su amiga.
Cuando llegó a la mesa Emma levantó la vista de su móvil, y con un gesto de cabeza le indicó que se sentara en la silla que quedaba en frente de ella.
-Lo siento Emma... sé que no tengo ninguna excusa, pero en ese momento yo...- dijo intentando luchar con sus emociones, pero no pudo evitar que las lágrimas cayeran por sus mejillas.
-Sé que es difícil para ti Hannah, me daba mucho miedo contártelo, pero eres mi mejor amiga, hemos pasado por todo esto juntas y aunque sabía que te dolería pensaba que al menos una parte de ti se alegraría por mí...
-Y lo hago,- la interrumpió.- de verdad que me alegro.
Alargó la mano con intención de coger la suya, cuando vio que no la apartaba siguió adelante, y ella se la apretó. Nunca se habían peleado, jamás habían estado un solo día sin hablar, se consideraban hermanas y eran capaces de perdonarse cualquier cosa. Siempre estuvieron muy unidas pero después de todo lo que había ocurrido eran inseparables.
-Cuando todo pasó supe que algún día ocurriría esto, por ti, por Amber, me decía a mí misma que estaría preparada para ello... pero...
-Te entiendo, perdóname a mí, a veces se me olvida por todo lo que has pasado, tenía que haber sido más comprensible.
-No tengo que perdonarte Emma, eres la única que sabe la verdad y aun así después de todo sigues aquí, a mi lado.
Al fin la vio sonreír, y aquel gesto tranquilizó a Hannah. La vio mirar a su alrededor y saludar con la mano que le quedaba libre a su hermana que estaba sentada en la barra hablando tranquilamente con el camarero.
-Tu hermano no pierde ocasión.
-No, siempre fue la más loca de las dos, pero es feliz así.
-¿Qué tenías que contarme?
-Me marcho. –Soltó sin rodeos.- Emma no quiero mentirte, eres la única que sabe lo que pasó de verdad y volverás a ser a única que sepa esto. No tengo rumbo, no tengo ningún plan, no sé muy bien que estoy haciendo pero necesito alejarme de este pueblo…
-El pueblo no es el problema Hannah... ¿tan...duro es?
-Duele demasiado...-admitió al fin.- Es un dolor que desgarra desde dentro, no puedo seguir aquí… no puedo…
-¿Y crees que huir es la solución? Él ya no está Hannah, no puede hacerte daño, nunca más podrá acercase a ti.
-Lo sé, él no puede pero sus recuerdos sí.
-Entonces hazlo, pero llámame. Te quiero Hannah y no hay nada que desee más que verte de nuevo feliz, y verte sonreír sin esa tristeza en los ojos. Eres una gran chica y odio la persona en la que te has convertido, pero también sé que eres una persona fuerte, y que superarás todo esto, y yo estaré aquí esperándote. Yo y mi bebé.
-Gracias...
No hizo falta decir nada más, ella comprendía mejor que nadie sus razones para desaparecer, aunque pudo ver en sus ojos que a pesar del ánimo que le demostraba estaba triste por su marcha.
**
Cuando se despertó a la mañana siguiente le dolía todo el cuerpo, se había quedado dormida leyendo.  Se sorprendió al ver que estaba tapada con una manta. Se incorporó en la cama  y al mirar a su alrededor se asustó, le costó recordar que se encontraba en casa de aquella mujer, Rachel, y que ahora era su nueva compañera de piso como ella había dicho la noche anterior.
Caminó hasta el baño y sin mirar su reflejo en el espejo, se metió en la ducha y dejó que el agua se llevara los malos recuerdos que le traían cada noche sus sueños. Consiguió calmar sus emociones antes de bajar a desayunar, pero se sorprendió al no ver a Rachel por allí, miró la hora y se dio cuenta de que había dormido más de la cuenta, eran las diez de la mañana y con toda seguridad Rachel ya estaría en la librería trabajando. Fue a por el bolso cuando se dio cuenta de que sobre la mesita del salón junto a su bolso había una nota.
“No quería despertarte parecías necesitar un buen descanso, siéntete como en tu casa, arréglate y desayuna tranquilamente, y cuando estés lista baja. Rachel.”
Tal y como Rachel le había pedido, caminó hasta la cocina para intentar eliminar de su cuerpo los últimos rastros del sueño de aquella noche, con ayuda del café. Llevaba años sin dormir toda la noche del tirón, ya había llegado a acostumbrarme a levantarse con esa sensación en el cuerpo, pero al menos esta vez estaba en un lugar desconocido, nada le recordaría a él.
Cuando se sintió totalmente preparada bajó por las estrechas escaleras a la librería. Nada más pasar la puerta le invadió, como la primera vez que entró, una mezcla de olores entre libros nuevos deseosos de ser estrenados por sus recientes dueños y libros antiguos que han pasado de mano en mano deseando volver a caer en manos de un nuevo lector. No vio a Rachel por ninguna parte, y como no sabía muy bien que hacer caminó por los pasillos acariciando los lomos de los libros.
-Eres igual que Tom.- Rachel sonrió al otro lado del pasillo al ver su cara tras el susto, intentó disimular una sonrisa pero no lo consiguió.- Lo siento. Tom, mi marido, también le gustaba entrar en la librería y recorrer una y otra vez estos pasillos, decía que los libros le hablaban, y que alguien debía escucharlos. Era muy maleducado no hacerles caso, después de todo pasaba casi todo el tiempo con ellos.
-Debía gustarle mucho los libros.
-Así es, en su vida tan solo tenía dos prioridades, la familia y esto,- hizo un gesto abarcando la librería.- todo lo que ves aquí era lo que le hacía feliz. Había días en los que no vendía nada, ni un solo libro, pero aun así él llegaba a casa con una sonrisa en la boca. ¿Quieres saber que me contestaba cada vez que le preguntaba cómo podía ser así?- Hannah asintió. -Me decía que aunque hubiera días malos, aunque hubiera días en los que nadie entraba en la tienda, el daba gracias a Dios por poder trabajar en algo que le apasionaba tanto.
-Era un hombre muy listo. ¿Qué...? perdón no quiero ser cotilla.
Rachel se acercó a ella lentamente.
-No te preocupes, murió hace unos años. Pero trabajar aquí ahora me lo devuelve cada día, aquí está su alma y aquí es donde yo debo estar.
Asintió y se giró para que no la viera limpiándose las lágrimas.
-Y, ¿vuestra hija nunca quiso seguir los pasos de su padre?
Rachel se rio.
-Grace adoraba a su padre por encima de cualquier cosa, pero nunca entendió la pasión que el sentía por los libros. Pero Tom jamás se enfadó con ella, entendió en todo momento que su hija quisiera seguir su propio camino y al igual que el buscó su propio sueño hasta conseguirlo.
Caminamos hasta el pequeño mostrador para empezar con las tareas pendientes de la librería.
-¿Has dormido bien?
-Si gracias.
-Sabes Hannah, cuando perdí a Tom yo era como tú. Lo supe en cuanto te vi entrar por la puerta de la tienda. No voy a preguntarte que pasó, no quiero obligarte a nada que no quieras, pero si algún día necesitas hablar sabes que aquí tienes un par de oídos que estarán encantados de escucharte. Y ahora vamos a trabajar, necesito que me ayudes a colocar los nuevos libros que han llegado a la librería, suelen ir en los estantes más altos y la verdad es que me sería de gran ayuda que te encargaras de ello.
-Cla...claro, ahora mismo. ¿Te puedo hacer una pregunta?
-Por supuesto.
-¿Por qué los libros no están ordenados?
Rachel miró una a una las estanterías que las rodeaban, estaba tan acostumbrada a ver así la librería que no entendía como la gente al entrar se extrañaba.
-Tom siempre decía que esta tienda debía hacer sentir a la gente como en casa, y normalmente llega un momento en el cual las estanterías no pueden más pero aun así seguimos guardando cosas en ellas, y yo bueno... no quise hacer ningún cambio cuando Tom se marchó. Además según él era una estrategia de marketing,- Rachel al ver la cara de Hannah aclaró:- normalmente las tiendas convencionales tienen los libros por géneros e incluso dentro de cada género los tienen ordenados pos orden alfabético, por lo que el cliente entra y va directo a lo que busca sin dejarse llevar. Sin embargo el hecho de tener los libros así obliga al cliente a buscar, a aventurarse a encontrar ese libro, ¿y quién sabe? A lo mejor encuentra algo mucho mejor de lo que buscaba.
Se pusieron manos a la obra enseguida, Hannah no pudo evitar girarse más de una vez mientras trabaja para mirar a Rachel, la mayoría de las veces la pillaba mirándola y cuando se daba cuenta de que la había pillado no se molestaba en disimularlo y le sonreía y volvía a concentrarse en su trabajo. Nunca entendió que se le pasaba por la cabeza cuando la miraba de aquella forma, ni porque había decidido ayudar a una persona que no conocía de nada por el mero hecho de ver lo dolida que estaba en mi interior. Pero le debía todo lo que tenía ahora mismo y a pesar de que no la conocía de nada sentía que podía confiar en aquella mujer.
Poco después de haber terminado de colocar todos los libros tal y como Rachel le había pedido y de ayudarla a ordenar algunas facturas, escucharon la leve campanilla de la puerta al abrirse. Antes de levantar la cabeza de los papeles que estaba estudiando en ese momento Hannah sintió como un escalofrió le recorría toda la espalda de arriba abajo. Levantó lentamente la mirada del papel y se quedó sin palabras al verlo...
**
Marzo 2006
Llegaba tarde a clase de literatura, aquella mañana su madre había olvidado poner el despertador, por lo que les había tocado vestirse y desayunar muy deprisa para que les pudieran traer al colegio. Llamó a la puerta antes de entrar y cuando el Profesor Perry le dio permiso para pasar, caminó hasta mi sitio habitual, junto a la ventana.
-Bien cómo iba diciendo, esta semana me gustaría trabajar con una obra que todos hemos leído y todos conocemos de memoria, Romeo y Julieta, pero lo vamos a ver desde otro aspecto. Siempre se destaca el acto de valentía que desempeñan los dos jóvenes por amor, pero quiero que lleguéis al fondo de la cuestión, y para ello quiero que os juntéis con el compañero que tenéis a vuestro lado para que hagáis un trabajo sobre la novela. Quiero que me sorprendáis y sobre todo quiero que me hagáis sentir ganas de volver a leer la novela entera para descubrir en que momento habéis captado un significado especial oculto para los demás.
Miró a su derecha y volvió la cabeza enseguida de nuevo hacia la pizarra. Sentía como un escalofrió le recorría la espalda y como las palmas de las manos empezaban a sudarle. Llevaba meses sentándose junto a él, pero nunca habían hablado,
¿De verdad tenemos que hacer un trabajo juntos?, pensó Hannah.
No le hizo falta volverse de nuevo hacia él para saber que la estaba mirando.
-¡Eh! ¿Estás en la tierra?
 -No...Esto sí.
-Genial, ya pensaba que debía hacer el trabajo con un extraterrestre. Soy Adam.
Lo dijo como si nadie supiera quien era.
Era el recién llegado, y como tal había llamado la atención de todos los estudiantes, todos querían saber quién era, como era, pero sobre todo, todos querían ser su amigo.
-Hannah.
Fue lo único que logró contestar, porque estaba hipnotizaba por esos ojos azules que la miraban tan intensamente.
**
-¿Hannah? ¿Hannah? ¿Estás bien?
Escuchaba la voz a lo lejos de Rachel, e incluso sintió como le sujetaba por los hombros para llamar su atención, pero Hannah no podía apartar los ojos de aquel rostro que le resultaba tan familiar pero a la vez tan extraño.
“No puede ser real.” Pensó.

2 comentarios:

  1. Hola
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